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Volumen 11, número 1,
enero de 2008
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Enfermedades inducidas por fármacos
Traducido por Boletín Fármacos de: Drug-induced diseases, Worst Pills, Best
Pills, disponible en:
www.worstpills.org/public/page.cfm?op_id=5
Farmacovigilancia
en los países en desarrollo
Traducido por Boletín Fármacos de: Editorials - Pharmacovigilance in
developing countries, BMJ 2007;335:462.
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Enfermedades inducidas por fármacos
Traducido por Boletín Fármacos de: Drug-induced diseases, Worst Pills, Best
Pills, disponible en:
www.worstpills.org/public/page.cfm?op_id=5
¿Cuál es la extensión del problema de las reacciones farmacológicas adversas
específicas?
Cada año se producen más de 9,6 millones de reacciones adversas a
medicamentos en pacientes estadounidenses de edad avanzada. Un estudio halló
que el 37% de las reacciones adversas que afectan a los ancianos no se
habían notificado al médico, probablemente porque los pacientes no atribuían
estas reacciones a los fármacos. Esto no resulta demasiado sorprendente si
tenemos en cuenta que la mayoría de los médicos admitieron que no explicaban
los posibles efectos adversos a sus pacientes [1].
Las siguientes estimaciones las hemos hecho basándonos en estudios de diseño
apropiado realizados principalmente en EE.UU.:
- Cada año, sólo en los hospitales, se producen 28.000 casos de toxicidad
cardiaca que pone en riesgo la vida por reacción adversa a la digoxina, el
digitálico (fármaco que regula la frecuencia y la contractibilidad del
latido cardiaco) más usado en los ancianos [2]. Dado que el 40% o más de
estos pacientes reciben este fármaco de forma innecesaria, muchos de estos
casos pueden prevenirse.
- Cada año 41.000 ancianos son hospitalizados –y 3.300 de estos fallecen-
por úlceras producidas por AINEs (antinflamatorios no esteroideos)
utilizados para el tratamiento de la artritis [3]. Asimismo, cientos de
jóvenes son hospitalizados por la misma causa.
- Cada año al menos 16.000 lesiones producidas por accidentes de tráfico en
los que se ven implicados conductores de edad avanzada son atribuibles al
uso de fármacos psicoactivos, específicamente benzodiazepinas y
antidepresivos tricíclicos [4]. Los fármacos psicoactivos son aquellos que
afectan a la mente o al comportamiento.
- Cada año 32.000 ancianos sufren una fractura de cadera atribuible a caídas
inducidas por los fármacos, con un resultado de más de 1.500 fallecimientos
[5,6]. En un estudio, las categorías principales de fármacos responsables de
las caídas que conllevan fracturas de cadera fueron los hipnóticos y
tranquilizantes menores (30%), fármacos antipsicóticos (52%) y
antidepresivos (17%). Todas estas categorías de fármacos se prescriben a
menudo de forma innecesaria, especialmente en ancianos.
- Aproximadamente 163.000 ancianos de EE.UU. padecen trastornos mentales
graves (pérdidas de memoria, demencia) producidas o potenciadas por los
fármacos [7,8]. En un estudio realizado en el estado de Washington se
documentó que el tratamiento con tranquilizantes menores o hipnóticos era el
responsable del 46% de los trastornos mentales inducidos por fármacos, en el
14% se debía al uso de antihipertensivos y un 11% a los antipsicóticos.
- Dos millones de ancianos estadounidenses son adictos o tienen el riesgo de
convertirse en adictos a los tranquilizantes menores o hipnóticos porque los
han utilizados de forma diaria durante al menos un año, aun cuando no
existen evidencias concluyentes de que los tranquilizantes sean efectivos
cuando se utilizan durante más de cuatro meses y los hipnóticos durante más
de 30 días [9].
- 73.000 ancianos han desarrollado disquinesia tardía inducida por fármacos;
este trastorno es la reacción adversa más grave y común con los
antipsicóticos y normalmente es reversible. La disquinesia tardía se
caracteriza por movimientos involuntarios de la cara, brazos y piernas.
Aproximadamente el 80% de los ancianos que reciben tratamiento con
antipsicóticos no padecen de esquizofrenia u otros trastornos que
justifiquen el uso de fármacos tan potentes, por lo que muchos de estos
pacientes padecen efectos secundarios graves producidos por fármacos
prescritos de forma inadecuada [10].
- 61.000 ancianos han desarrollado parkinson inducido por fármacos por el
uso de antipsicóticos como haloperidol (Haldol), clorpromazina (Thorazine),
tioridazina (Mellaril), trifluoperazina (Stelazine) y flufenazina (Prolixin).
Otros fármacos prescritos para los problemas gastrointestinales también
pueden producir parkinson inducido por fármacos, como metoclopramida (Reglan),
proclorperazina (Compazine) y prometazina (Phenergan) [11].
Existe un problema grave dado que tanto los médicos como los pacientes no se
dan cuenta de que prácticamente cualquier síntoma en ancianos y en muchos
jóvenes pueden estar causados o potenciados por los fármacos [12]. Algunos
médicos y pacientes asumen que, lo que en realidad son reacciones
farmacológicas adversas, son simples signos del envejecimiento. Por ello,
muchas reacciones adversas graves pasan totalmente desapercibidas o no se
reconocen hasta que han producido un daño significativo.
Los fármacos responsables para la mayoría de las reacciones adversas graves
en ancianos son tranquilizantes, hipnóticos y otros fármacos que afectan el
estado mental; fármacos cardiovasculares como antihipertensivos, digoxina y
antiarrítmicos [13]; y fármacos para el tratamiento de problemas
intestinales.
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Reacciones
farmacológicas adversas mentales: Depresión, alucinaciones, confusión, delirio, pérdida de
memoria, pensamiento alterado.
Reacciones
farmacológicas adversas del sistema nervioso:
Parkinson, movimientos involuntarios de la cara, brazos, piernas
(disquinesia tardía), disfunción sexual.
Reacciones
farmacológicas adversas gastrointestinales:
Pérdida de apetito, estreñimiento.
Problemas
urinarios:
Dificultad para orinar, escapes de orina.
Mareos al
ponerse de pie
Caídas que
pueden provocar fracturas de cadera
Accidentes de tráfico con lesiones
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Ejemplos específicos de pacientes con enfermedades
inducidas por fármacos
Mujer confinada en casa por un fármaco cardiaco mal prescrito. A Liz,
una mujer de 54 años, se le prescribió amiodarona (Cordarone) para tratar un
trastorno cardiaco común. No le dijeron que la FDA no había aprobado el
fármaco para el tratamiento de su enfermedad. El prospecto del fármaco
mencionaba náuseas y mareos como efectos secundarios, pero no mencionaba
toxicidad pulmonar. Ahora depende de un tubo de oxígeno para respirar y no
tiene fuerzas para limpiar su propia casa.
Un hombre desarrolló parkinson por tomar antipsicóticos prescritos para
el síndrome del colon irritable. Larry era un hombre saludable de 58
años con diarrea que se pensaba que era debida al síndrome del colon
irritable. Se le administró trifluoperazina (Stelazine), un potente
antipsicótico, para “calmar” su tracto intestinal. Hasta el momento
Stelazine no ha sido aprobado para el tratamiento de dichos trastornos
médicos. Seis meses después de comenzar el tratamiento con Stelazine, Larry
desarrolló parkinson grave, un trastorno neurológico caracterizado por
temblores, movimientos limitados, rigidez e inestabilidad postural. Para
corregirlo, Larry comenzó tratamiento con levodopa, un fármaco para el
tratamiento del parkinson. Presumiblemente, el médico no se dio cuenta de
que el parkinson fue inducido por el fármaco y el tratamiento con STELAZINE
continuó. Durante siete años Larry tomó ambos fármacos hasta que visitó un
especialista del parkinson. El especialista reconoció la causa real de su
problema, finalizó el tratamiento con Stelazine y retiró progresivamente el
tratamiento con levodopa durante un periodo de seis meses. El parkinson
grave e incapacitante de Larry remitió por completo.
El mismo especialista del parkinson que “curó” a Larry de su parkinson
inducido por el fármaco ha visto, en solo tres años, 38 casos de parkinson
inducido por fármacos y 28 casos de disquinesia tardía inducida por fármacos,
un síndrome de movimientos involuntarios.
Ninguno de estos pacientes padecía enfermedades psiquiátricas, la única
clase de enfermedades para las que está aprobado el uso de los
antipsicóticos. Es más, las razones más comunes para el tratamiento con
fármacos que inducen parkinson son la ansiedad crónica y los problemas
gastrointestinales. El culpable más frecuente (en 19 de estos 39 pacientes)
fue Reglan, prescrito normalmente para los ardores, náuseas o vómitos. A
menudo los médicos prescriben Reglan antes de intentar otros métodos más
conservadores y seguros. Otros fármacos que producen parkinson son
proclorperazina (Compazine), haloperidol (Haldol) y clorpromazina (Thorazine)
[14].
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Sabía que… |
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Parkinson
inducido por fármacos
Cada año
61.000 ancianos desarrollan parkinson inducido por fármacos. Al
menos el 80% de ellos, como Larry, nunca deberían haber tomado
el fármaco causantes del parkinson. También, como en el caso de
Larry, una gran proporción de los médicos de estas personas
piensan que el parkinson se desarrolló de forma espontánea.
El
problema tiene dos vertientes. Los médicos no sospechan que la
causa del trastorno es un fármaco como Stelazine u otros
fármacos como metoclopramida (Reglan), proclorperazina
(Compazine) o prometazina (Phenergan) y añaden un segundo
fármaco para tratar la enfermedad que en realidad ha sido
producida por el primer fármaco.
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Confusión y alucinaciones producidas por fármacos para la
úlcera. Leticia escribió a Public Citizen sobre su padre de 80
años. Nos comentó que había comentado en repetidas ocasiones a su médico el
posible papel de los fármacos para la úlcera que tomaba su padre como causa
de la confusión y las alucinaciones que padecía antes de que el médico le
hiciera caso. Su padre probó tras fármacos diferentes – cimetidina (Tagamet),
ranitidina (Zantac) y famotidina (pepcid) – para su úlcera y todos ellos
produjeron estos efectos secundarios. Cuando el médico finalmente prescribió
un antiácido – hidróxido de aluminio e hidróxido de magnesio (Maalox)- al
padre de Leticia, éste volvió a la normalidad y la confusión y las
alucinaciones desaparecieron por completo.
Una mujer desarrolla un trastorno mental reversible por un tranquilizante.
La primera vez que Sally, de 79 años, vio a su yerno (médico) después de
varios meses, él notó que ella había experimentado graves alteraciones.
Rally había sido una mujer de mente despierta pero se comportaba de forma
confusa y, por primera vez en su vida, era incapaz de poner al día su cuenta
bancaria. Cuando le preguntó, ella recordó que su problema había comenzado
al iniciar tratamiento con el tranquilizante lorazepam (Ativan). Tras
descubrir esta asociación, el fármaco fue retirado de forma progresiva y el
trastorno mental desapareció.
Un hombre tuvo un accidente de tráfico tras una dosis de tranquilizante.
Ben, de 64 años, tenía programada una biopsia en un hospital local una
mañana. El médico le dio una muestra gratuita de un tranquilizante,
alprazolam (Xanax), para que se la tomara aproximadamente una hora antes del
procedimiento esperando que estuviera relajado para la biopsia. No le
comentaron a Ben que no debía usar el fármaco si iba a conducir. Mientras
conducía hacia el hospital para la biopsia se desmayó. El coche chocó contra
una valla y provocó un daño valorado en 6.000 dólares, pero afortunadamente
Ben salió ileso.
Bradicardia peligrosa con propanolol en ancianos. Shara, de 60 años y
asistente en un centro de mayores, comenzó a tomar propranolol (Inderal,
Inderal LA) para tratar su hipertensión. Por desgracia, su médico no se dio
cuenta de que la dosis de este fármaco beneficioso debe reducirse en
ancianos, y la dosis prescrita era demasiado alta para ella. Dos días
después de comenzar el tratamiento, comenzó a sentirse muy débil. Los
efectos secundarios eran tan malos que al tercer día de consumo fue a las
urgencias de un hospital, donde le detectaron una frecuencia cardiaca de 36
latidos por minuto. Esta peligrosa bradicardia explicaba por completo su
debilidad. Se interrumpió el fármaco y la frecuencia cardiaca de Shara
volvió a la normalidad. Posteriormente se le prescribió una dosis menor de
un fármaco diferente que no le produjo efectos secundarios.
Un chico fallece debido a un fármaco prescrito para el trastorno de
déficit de atención e hiperactividad. Jamal, un niño brillante de 7 años,
comenzó tratamiento con un antidepresivo, imipramina (Tofranil), para tratar
un trastorno de déficit de atención e hiperactividad. No se facilitó a sus
padres la información completa y exacta sobre el fármaco. Como consecuencia,
no fueron conscientes de que el fármaco puede producir arritmias cardiacas
con riesgo para la vida, no se percataron de que la dosis prescrita a Jamal
era demasiado alta y que los temblores y las convulsiones que Jamal comenzó
a tener eran en realidad efectos secundarios a Tofranil. El tratamiento con
el fármaco continuó y un día, al ir al colegio, sufrió un colapso y falleció
por una arritmia. Si sus padres hubieran recibido suficiente información
sobre este fármaco, Jamal aún estaría con vida.
A menudo la mala prescripción es la causa de los síntomas
La OMS al tratar el problema de los efectos secundarios en los ancianos, ha
establecido algunos principios aplicables a las personas de todas las edades:
Muy frecuentemente, el historial y el examen clínico de los pacientes con
efectos secundarios revelan que el medicamento culpable del efecto adverso
estaba mal indicado para ese paciente. Las reacciones adversas pueden
evitarse en gran medida en los ancianos mediante la elección de fármacos
seguros y efectivos, y siguiendo las pautas recomendadas de prescripción
terapéutica, como comenzar con una dosis baja, observar el paciente con
frecuencia y evitar la polifarmacia excesiva [15].
En otras palabras, a menudo los pacientes que padecen reacciones
farmacológicas adversas son víctimas de los fármacos que tomaron de forma
incorrecta.
Un estudio publicado en 1992 en Medical Care examinó las
prescripciones al dar de alta a los pacientes de un hospital comunitario. El
estudio se centró en aquellos pacientes a los que se les había prescrito
tres o más fármacos para tratar su enfermedad crónica [16].
Los resultados de este estudio fueron preocupantes, tanto por lo que decían
sobre las prácticas de prescripción de los médicos, como por la evidencia el
daño potencial que estas prácticas de prescripción pueden producir sobre los
ancianos. De las 236 personas examinadas:
- El 81% tuvo uno o más problemas de prescripción, incluyendo la
prescripción inadecuada de fármacos, o de dosis o frecuencias inadecuadas.
- El 60% recibió una o más prescripciones de fármacos que no eran los más
adecuados, es decir “no eran el fármaco óptimo para el diagnóstico del
paciente” o no estaba indicado para tal diagnóstico.
- El 50% recibió una dosis muy alta o muy baja del fármaco.
- El 44% recibió una combinación de fármacos que podían interaccionar
produciendo reacciones adversas.
- El 20% recibió fármacos que duplicaban de forma innecesaria el efecto
terapéutico de otro fármaco prescrito.
Afortunadamente, un farmacéutico especialista dedicado al cuidado de más de
la mitad de estas personas pudo reducir los riesgos de los pacientes al
realizar recomendaciones a los médicos prescriptores.
En la página web de Worst Pills, Best Pills, puede encontrar listas de los
efectos adversos más comunes inducidos por fármacos junto con los fármacos
que los producen. En la siguiente tabla se encuentran algunos de los
síntomas que, aunque se producen con frecuencia por los fármacos, son los
tipos de problemas que usted o muchos médicos podrían atribuir en primer
lugar simplemente al “envejecimiento” o al “nerviosismo” en lugar de a un
fármaco.
¿Qué efectos adversos pueden producirse por qué fármacos?
Las listas de enfermedades inducidas por fármacos deben emplearse por
pacientes que padecen una variedad de problemas médicos (o por doctores)
para identificar qué fármacos, especialmente aquellos que toman o planean
tomar, pueden producir reacciones adversas específicas. Las listas proceden
de una gran variedad de fuentes de información [17-23].
A pesar de que algunos de estos efectos adversos se producen normalmente en
ancianos, todos ellos han sido documentados también en jóvenes, aunque no
con tanta frecuencia
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Resumen de reacciones
adversas y de los fármacos que las causan |
|
Sólo se enumeran los
problemas más fáciles de detectar y los fármacos más comunes que
los producen |
|
Reacción farmacológica
adversa |
Nº de fármacos |
Ejemplos de marcas
comerciales |
|
Depresión |
166 |
Accutane, Advil,
Catapres, Cipro, Dalmane, Factive, Inderal, Naprosyn, Norpace,
Pepcid, Reglan, Tagamet, Talwin, Ultracet, Valium, Xanax, Zantac |
|
Psicosis /
alucinaciones |
156 |
Aldomet,
Benadryl, Catapres, Celebrex, Cipro, Dexatrim, Elavil, Halcion,
Inderal, Lanoxin, Procanbid, Sonata, Tagamet, Ultracet, Valium,
Vioxx |
|
Confusión /
delirio |
147 |
Amaryl,
Ambien, Benadryl, Catapres, Cipro, Compazine, Diabeta,
Diabinese, Dymelor, Elavil, Mellaril, Sinemet, Tagamet, Valium,
Xanax, Zantac |
|
Demencia |
76 |
Aldomet,
Inderal, Maxzide, Mellaril, Regroton, Restoril, Ser-Ap-Es,
Tagamet, Valium, Xanax,Zantac |
|
Insomnio |
35 |
Avelox, Floxin, Inderal,
Lasix, Mevacor, Nicorette, Sudafed, Synthroid, Theo-24 |
|
Parkinson |
40 |
Abilify,
Aldomet, Asendin, Cardizem, Compazine, Elavil, Geodon, Haldol,
Mellaril, Prozac, Reglan, Regroton, Risperdal, Thorazine |
|
Disquinesia
tardía |
19 |
Abilify,
Asendin, Buspar, Compazine, Geodon, Haldol, Mellaril, Risperdal,
Thorazine, Wellbutrin, Zyban, Zyprexa |
|
Mareos de pie |
154 |
Abilify, Calan
SR, Cardizem CD, Cardura, Catapres, Compazine, Elavil, Geodon,
Haldol, Hytrin, Inderal, Isordil, Lasix, Minipress, Nitro-Bid,
Prinivil, Procardia, Sonata, Tenormin, Valium, Xanax |
|
Caídas /
fracturas de cadera |
59 |
Ambien,
Celexa, Compazine, Dalmane, Elavil, Haldol, Isordil, Lexapro,
Navane, Nembutal, Prozac, Restoril, Sinequan, Valium, Xanax |
|
Accidentes de
tráfico |
28 |
Ambien,
Asendin, Ativan, Celexa, Elavil, Lexapro, Norpramin, Sinequan,
Tofranil, Valium, Pamelor, Paxil, Prozac, Xanax, Zoloft |
|
Disfunción
sexual |
127 |
Abilify, Calan
SR, Geodon, Lopid, Lopressor, Norpace, Pepcid, Proscar, Prozac,
Sarafem, Tagamet, Tegretol, Transderm-Scop, Zantac |
|
Pérdida de
apetito, náuseas, vómitos |
63 |
Advil, Avelox,
Daypro, Demerol, EES, Feldene, Feosol, K-Lor, Lanoxin, Levaquin,
Relafen, Sumycin, Theo-24, Ultracet, Ultram |
|
Dolor
abdominal, úlceras, sangrado GI |
48 |
Advil,
Anaprox, Celebrex, Cortone, Daypro, Decadron, Feldene, Indocin,
Motrin, Relafen, Somophyllin, Theo-24, Ultracet, Vioxx,
Zithromax |
|
Estreñimiento |
107 |
Amphojel,
Benadryl, Caltrate, Cogentin, Inderal, Lotronex, Maalox, Talwin,
Tylenol No. 3, Tylox, Ultram, Urised |
|
Diarrea |
56 |
Aciphex,
Aldomet, Avelox, Cipro, Dulcolax, Maalox, Phillips’ Milk of
Magnesia, Nexium, Peri-Colace, Precose, Prilosec, Sporanox,
Sumycin, Zelnorm |
|
Toxicidad
pulmonar |
59 |
Cordarone,
Feldene, Inderal, Prinivil, Tegretol, Vasotec, Visken |
|
Obstrucción de
la micción |
56 |
Antivert, Artane,
Benadryl, Bentyl, Compazine, Duragesic, Elavil, Felbatol, Haldol,
Sinequan, Tavist, Ultram, Zyban |
|
Pérdidas de
orina |
84 |
Aricept,
Celexa, Esidrix, Hytrin, Inderal, Lasix, Lexapro, Lithobid,
Minipress, Neurontin, Paxil, Restoril, Tenormin, Valium, Xanax,
Zaroxolyn, Ziac, Zoloft |
Referencias
1. De los 42,34 millones de estadounidenses de más de 60 años (Resumen
estadístico de EE.UU. de 1992, datos de población de 1991), aproximadamente
el 90% toma uno o más medicamentos, es decir, 37,83 millones de ancianos.
Según un estudio sobre reacciones farmacológicas adversas verificadas
(German PS, Klein LE. Adverse drug experience among the elderly.
Pharmaceuticals for the Elderly. Pharmaceutical Manufacturers
Association, November 1986), el 25,4% de los ancianos de más de 60 años han
tenido al menos una reacción farmacológica adversa durante el intervalo de
seis meses contemplado por el estudio. El 25,4% de 37,83 millones de
personas supone 9,61 millones de reacciones adversas durante un periodo de
seis meses. El número de reacciones adversas anual ciertamente sería
superior. El número real de reacciones adversas también es mucho mayor ya
que este cálculo asume que todos los pacientes experimentaron estos efectos
fuera del hospital o de la residencia. Ya que el uso de fármacos en
residencias y hospitales es mucho mayor que en clínicas, el número de
reacciones adversas también debe ser mayor.
2. Si nos basamos en las estimaciones de ingresos en plantas hospitalarias
de 6,05 millones en 1990 (ver referencia 1 para la base de esta estimación),
y la estimación de que en el 22,4% de los ingresos los pacientes toman
digoxina y que el 2,06% de estos padecen toxicidad cardiaca con riesgo para
la vida producida por digoxina (ambos procedentes de Miller RR, Greenblatt
DJ. Drug Effects in Hospitalized Patients. New York: John Wiley and
Sons, 1976), esto significa que 27.917 ancianos hospitalizados padecen
toxicidad cardiaca por digoxina que pone en riesgo la vida. Esta estimación
minusvalora la magnitud del problema porque la proporción de pacientes en el
libro de Millar/Greenblatt que tomaban digoxina y que experimentaron
toxicidad cardiaca con riesgo para la vida se basa en pacientes de todas las
edades, mientras que la tasa de uso de digoxina y, por lo tanto, la tasa de
reacciones con riesgo para la vida es mucho mayor en ancianos. Esta
estimación también es menor porque no incluye casos de toxicidad por
digoxina en pacientes quirúrgicos.
3. Ray WA, Griffin MR, Shorr RI. Adverse drug reactions and the elderly.
Health Affairs 1990;9:114-122.
4. Ray WA, Fought RL, Decker MD. Psychoactive drugs and the risk of
injurious motor vehicle crashes in elderly drivers. American Journal of
Epidemiology 1992;136:873-883.
5. La estimación de 32.000 fracturas de cadera en ancianos se basa en la
proyección de los hallazgos de este estudio de fracturas de cadera inducidas
por fármacos en pacientes ancianos del Michigan Medicaid a todo el país.
6. Ray WA, Griffin MR, Schaffner W, Baugh DK, Melton LJ. Psychotropic drug
use and the risk of hip fracture. New England Journal of Medicine
1987;316:363-369.
7. Esta estimación se basa en la proyección de los hallazgos del estudio
Larson sobre los 1,43 millones de estadounidenses con más de 65 años que
padecen demencia.
8. Larson EB, Kukull WA, Buchner D, Reifler BV. Adverse drug reactions
associated with global cognitive impairment in elderly persons. Annals of
Internal Medicine 1987;107:169-173.
9. Ver discusión sobre hipnóticos y tranquilizantes para más detalles sobre
esta estimación.
10. Ver discusión sobre fármacos antipsicóticos para más detalles sobre la
disquinesia tardía inducida por fármacos y la prescripción incorrecta de
fármacos antipsicóticos.
11. La cifra estimada de 61.000 ancianos que padecen de parkinson inducido
por fármacos deriva de lo siguiente: Tal y como se detalla en el capítulo
sobre fármacos antipsicóticos, hay una cifra estimada de 750.000 personas
con más de 65 años en residencias o en la comunidad que toman antipsicóticos
con regularidad (durante tres, cuatro o más meses). De acuerdo con una
encuesta de 1981 que incluyó 5.000 pacientes que iban a recibir tratamiento
con antipsicóticos, el 13,2% experimentaron parkinson (ver referencia 15 y
la sección de fármacos mentales para una discusión más amplia sobre este
problema). Otro estudio por los mismos investigadores halló que el 62% se
recuperó (no volvieron a experimentar parkinson) en el plazo de 30 días tras
retirar el fármaco. Así, al menos el 62% del 13,2% de los pacientes que
tomaron antipsicóticos o el 7,92% de todos los pacientes tratados con estos
fármacos padecieron de parkinson inducido por fármacos. Así, el 7,92% de
750.000 pacientes tratados durante al menos varios meses equivale a 61.380
pacientes con parkinson inducido por fármacos. Esta estimación es muy
conservadora ya que no incluye aquellos pacientes que tomaron antipsicóticos
durante menos de 3-4 meses (una cifra adicional de 1,16 millones de
personas) que también tienen el riesgo de padecer parkinson inducido por
fármacos (dado que el 90% de los casos se producen en los 72 primeros días
tras comenzar el tratamiento) ni aquellos que experimentaron parkinson
inducido por fármacos debido al tratamiento con fármacos prescritos para las
náuseas como metoclopramida / Reglan, proclorperazina / Compazine y
prometazina / Phenergan.
12. Vestal RE (ed.) Drug Treatment in the Elderly. Sydney, Australia:
ADIS Health Science Press, 1984.
13. Ouslander JG. Drug therapy in the elderly. Annals of Internal
Medicine 1981;95:711-722.
14. Grimes JD. Drug-induced parkinsonism and tardive dyskinesia in
nonpsychiatric patients. Canadian Medical Association Journal
1982;126:468.
15. Drugs for the Elderly. 2nd edition. Copenhagen, Denmark: World
Health Organization, 1997:28.
16. Lipton HL, Bero LA, Bird JA, McPhee SJ. The impact of clinical
‘pharmacists consultations on physicians’ geriatric drug prescribing: A
randomized controlled trial. Medical Care 1992;30:646-658.
17. Davies DM (ed.) Textbook of Adverse Drug Reactions. New York:
Oxford University Press, 1977.
18. Aronson JK; Van Boxtel C (ed.) Side Effects of Drugs Annual 18.
Amsterdam: Elsevier, 1995.
19. Drugs for the Elderly. 2nd edition. Copenhagen, Denmark: World
Health Organization, 1997:28.
20. Aronson JK (ed.) Side Effects of Drugs Annual 24. Amsterdam:
Elsevier, 2001.
21. Drugs that may cause psychiatric symptoms. Medical Letter on Drugs
and Therapeutics 2002; 44:59-62.
22. Aronson JK (ed.) Side Effects of Drugs Annual 25. Amsterdam:
Elsevier, 2002.
23. Otras fuentes incluían Physicians' Desk Reference y especialistas
externos.
(principio de página...)
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advierten...)
Farmacovigilancia en
los países en desarrollo
Traducido por Boletín Fármacos de: Editorials - Pharmacovigilance in
developing countries, BMJ 2007;335:462.
Cada vez se realizan más esfuerzos para asegurar que los países pobres, que
soportan casi el 90% de la morbilidad global, tengan acceso a medicamentos
efectivos [1]. Como consecuencia, las compañías farmacéuticas afrontan un
incremento de la presión por parte de los gobiernos, la OMS y los grupos
cabilderos de pacientes para que retiren las barreras legales y financieras
de acceso [2].
Sin embargo, aunque estas campañas son necesarias y muy loables, no se
acompañan del desarrollo o del mejoramiento de los procesos de control de la
seguridad de los fármacos. Aunque muchos fármacos son de amplio uso y se han
estudiado en países desarrollados (y se han utilizado para informar como
deben utilizarse a nivel global), su perfil de seguridad no puede
generalizarse necesariamente a los países en desarrollo, donde la incidencia,
patrón y gravedad de las reacciones adversas puede ser marcadamente
diferente debido a las influencias ambientales locales y genéticas [3].
Tras el desastre provocado por la talidomida en la década de los 60, la
mayoría de los países occidentales desarrollaron sistemas de
farmacovigilancia nacionales [4]. Estos sistemas emplean las notificaciones
espontáneas u otros métodos farmacoepidémicos para recoger y analizar
sistemáticamente eventos adversos asociados con el uso de fármacos,
identificar señales o problemas emergentes, y comunicar cómo minimizar o
prevenir los daños. Aunque estos procedimientos no son perfectos, como
demuestran los problemas recientes [5], estos sistemas facilitan la
obtención de pruebas que pueden utilizarse para iniciar acciones reguladoras
para proteger la salud pública.
A nivel global, el programa de farmacovigilancia de la OMS que está ubicado
en el Centro de Control de Uppsala (Finlandia) recopila informes de
reacciones farmacológicas adversas a través de los centros nacionales de
farmacovigilancia de los 81 países miembros (www.who-umc.org).
Sin embargo, actualmente sólo seis países del África subsahariana (Sudáfrica,
Zimbabwe, Tanzania, Mozambique, Nigeria y Ghana) son miembros de pleno
derecho del programa. De hecho, menos del 27% de las economías con ingresos
medios-bajos o bajos disponen de sistemas nacionales de farmacovigilancia
registrados con el programa de la OMS, comparado con el 96% de los países
con ingresos altos que forman parte de la Organización para la Cooperación
Económica y el Desarrollo (OECD).
Los principales motivos son la falta de recursos, infraestructuras y
conocimientos. Así, aunque aumente el acceso a los medicamentos en los
países en desarrollo, existe el peligro de que no se controlen completamente
sus perfiles de riesgo-beneficio en poblaciones indígenas y no se pueda
actuar en consecuencia.
Entonces, ¿qué se puede hacer para mejorar el control de seguridad
farmacológica en los países en desarrollo? A corto plazo, necesitamos
utilizar mejor los estudios en curso o planificados. La capacidad para
detectar una reacción adversa farmacológica depende de su frecuencia y del
número total de personas expuestas al fármaco [6]. Un enfoque lógico sería
el de reforzar la colaboración entre los investigadores académicos, las
compañías farmacéuticas, y los gobiernos que emprenden estudios clínicos
para que desarrollen formularios comunes de informes de reacciones adversas
y reúnan todos los datos en una base de datos única.
También se podrían establecer asociaciones similares entre organismos de
salud pública, las campañas de acceso a los fármacos y los sistemas de
vigilancia regional, como la red del este de África para el control del
tratamiento contra la malaria [7] y la red para el estudio de salud y
demografía en los países en desarrollo [8]. Las ventajas operativas de este
enfoque son que se pueden obtener datos de una serie de estudios y que
pueden utilizarse los manuales y las infraestructuras técnicas preexistentes
para adquirir los datos. Esto proporcionaría datos demográficamente
relevantes, es decir base poblacional amplia (y con poblaciones menos
homogéneas), de una manera estructurada y sistemática, y estos datos podrían
utilizarse posteriormente para identificar señales de alerta.
Los investigadores individuales conservarían sus propios datos y publicarían
los resultados de sus ensayos, pero la recopilación de datos sobre
reacciones farmacológicas adversas añadiría un valor extra a los estudios en
curso. Esto ya ha sucedido a pequeña escala. Por ejemplo, se identificó un
aumento del riesgo de reacciones neurológicas graves en personas infectadas
por Loa loa que recibían tratamiento con ivermectín [9]. Es necesario
incrementar la información que se recopila de esta forma, y se debe
considerar hacerlo para todos los medicamentos incluidos en un formulario.
¿Qué papel debería tener la industria farmacéutica en la promoción de la
farmacovigilancia? El modelo actual de desarrollo de medicamentos en lugares
de pocos recursos depende de asociaciones entre entes públicos y privados,
como Medicines for Malaria Venture. Se debe fomentar que estas
asociaciones sigan trabajando y no se limiten a facilitar la obtención del
permiso de comercialización de un fármaco y del desarrollo de un programa de
fase IV pro-activo. Dicho programa podría diseñarse de tal forma que
mostrase la efectividad de un fármaco cuando se utiliza a nivel de la
comunidad, y a través de esto obtener datos de seguridad en un número mucho
mayor de pacientes. En África ya existen algunos ejemplos en que se ha
utilizado este enfoque [10], pero necesitan convertirse en norma más que en
excepción.
A largo plazo, cada país debería desarrollar su propio sistema nacional de
farmacovigilancia que contribuyese a una base de datos global como el de
Uppsala. Sin embargo, se necesitaría una infraestructura amplia que podría
ser costosa. En un clima donde los recursos sanitarios son limitados, la
financiación de un sistema de farmacovigilancia seguramente se considerará
de prioridad secundaria a otras iniciativas como la implementación de un
nuevo programa de vacunas.
Es poco probable que el modelo de financiación de las actividades de
farmacovigilancia aprobado recientemente en EE.UU. por el Instituto de
Medicina [11] funcione en los países en desarrollo si va a incrementar los
costes de los fármacos, ya que frustraría el objetivo de aumentar el acceso
a los medicamentos. No existen respuestas fáciles, pero la OMS necesita
liderar un diálogo entre las partes interesadas con el objetivo de
desarrollar un nuevo modelo de financiación que apoye las actividades de
farmacovigilancia en los países en desarrollo. La falta de experiencia a
nivel local en farmacovigilancia podría abordarse mediante el desarrollo de
programas de intercambio entre las agencias reguladoras más importantes y
compartiendo las mejores prácticas.
Referencias
1. Global Forum for Health Research. 10/90 report on health and research
2003-2004. 2004.
www.globalforumhealth.org/filesupld/1090_report_03_04/109004frontmatter.pdf
2. Sterckx S. Patents and access to drugs in developing countries: an
ethical analysis. Developing World Bioeth 2004;4:58-75.
3. Eliasson E. Ethnicity and adverse drug reactions. BMJ
2006;332:1163-4.
4. Rawlins MD. Pharmacovigilance: paradise lost, regained or postponed? J
R Coll Physicians Lond 1995;29:41-9.
5. Kazi D. Rosiglitazone and implications for pharmacovigilance. BMJ
2007;33:1233-4.
6. Atuah KN, Hughes D, Pirmohamed M. Clinical pharmacology: special safety
considerations in drug development and pharmacovigilance. Drug Saf
2004;27:535-54.
7. East Africa Network for Monitoring Antimalarial Treatment. EANMAT
newsletter 23. 2006. www.eanmat.org/
8. Network for Assessing Health and Demography in Developing Countries. An
international network of field sites with continuous demographic evaluation
of populations and their health in developing countries.
www.indepth-network.org/
9. Gardon J, Gardon-Wendel N, Demanga N, Kamgno J, Chippaux JP, Boussinesq
M. Serious reactions after mass treatment of onchocerciasis with ivermectin
in an area endemic for Loa loa infection. Lancet 1997;350:18-22.
10. Lang T, Hughes D, Kanyok T, Kengeya-Kayondo J, Marsh V, Haaland A, et
al. Beyond registration—measuring the public-health potential of new
treatments for malaria in Africa. Lancet Infect Dis 2006;6:46-52.
11. The Institute of Medicine. The future of drug safety: action steps for
congress. 2006.
www.iom.edu/CMS/3793/26341/37329/37331.aspx
(principio de página...)
(regresa a
advierten...)
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